Entre campanadas y cañonazos, historias de mediodía

Desde la época de la Colonización de Santiago del nuevo extremo, el fin era avisarle a la gente, que vivía en Santiago -una ciudad muy pequeña en aquel entonces-, que era el mediodía, que tenían que ir a almorzar y que había que ir a misa, el cañonazo servía además de aviso para que tocaran las campanas de las iglesias.

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Este sistema funcionaba de manera bastante particular, ya que a través de una lente de vidrio se activaba el mecanismo por efecto del sol. Esto claramente funcionaba cuando el sol iluminaba en plenitud, porque en los días en que estaba nublado esto era imposible.

Para subsanar el contratiempo, se recurría al dueño de una relojería que tenía su tienda frente al Cerro Santa Lucía, que a la hora de las doce enarbolaba una bandera blanca dando la señal para el disparo. Curiosamente la relojería tenía como nombre “El Cañonazo”.

El Cañonazo de las 12 es una tradición capitalina iniciada en 1824 con un cañón emplazado en el Fuerte Hidalgo del Cerro Santa Lucía, cuyos artilleros adoptaron la misión de anunciar el mediodía mediante una descarga de salva (disparo sin proyectil), continuando además con la costumbres de la Colonia de llamar a la misa de las 12, coincidente con el repicar de las campanas. La pieza de artillería era conocida por los santiaguinos de aquél entonces como “el roncador”.

Al son de las campanas. Desde la fundación de la ciudad de Santiago, el rigor de los horarios constituyó un serio problema. El devenir del día se intuía sólo observando los movimientos de la luz solar. Los religiosos habrían sido quienes trajeron a Santiago el primer reloj de sol, indispensable para programar el día y con esto regir el itinerario de oraciones. Asimismo esto sirvió a la población civil, que comenzó a usar las campanadas de las iglesias para diferenciar las horas del día. Las del mediodía eran las más importantes: con ellas se llamaba a la misa de las doce, hecho que se convertiría con el tiempo en una gran tradición.

Ubicada en la cumbre del cerro Santa Lucía, en pleno centro de la ciudad capital, la actual pieza de artillería es correspondiente a un cañón de la fábrica alemana Krupp de montaña, del año 1910 y que perteneció al Ejército de Chile. Hasta el día de hoy uno de los símbolos del mediodía en la ciudad que no deja de sorprendernos con el singular sonido del histórico cañonazo de las 12.